
Yo salté una y otra vereda esquivando el agua acumulada en la esquina de una calle mientras tenía que mirar si venía algún auto, que seguro con sus movimientos me mojaría aún más... y claro que no era la única persona en esa prueba de agilidad corporal... pero al poco andar la incomodidad me enfrentó a la rabia... ¡sí! la rabia de no poder hacer nada... la lluvia seguía, el agua corría por las calles y los zapatos apenas resistían... no podía hacer nada con eso, pero sí con mi actitud... me estancaba en el enojo y la poca paciencia o avanzaba hacia algo que me permitiera sortear, ya no el torrencial de afuera, sino mis propias emociones que a estas alturas también eran una tormenta... y claro que fue una prueba de flexibilidad, ahora no corporal, sino emocional, interna... vaya que tuve que sortear veredas y calles inundadas dentro de
Hoy, con los pies calentitos y el sol brillando puedo decir: Bienvenida lluvia y situaciones que no dependen de nosotros ya que puedo conocerme un poco más !
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